La Comunidad de Madrid recuperará fotografías, objetos y testimonios de la antigua fábrica El Águila, un complejo levantado en 1912 que permite recorrer más de un siglo de relación entre cereal, industria y cerveza
Antes de llenar botellas, barriles y vasos, la cerveza comienza con un cereal. La cebada es una de sus materias primas esenciales. Además, este cultivo permite tirar del hilo de una historia que durante más de un siglo ha unido campo, industria y cerveza en Madrid.
Precisamente, una parte de ese pasado vuelve ahora a cobrar vida. La Comunidad de Madrid ha puesto en marcha El Águila: laboratorio de memorias vivas. El proyecto busca recuperar cómo era el día a día en la antigua fábrica de cervezas El Águila a través de las personas vinculadas a ella.
Para ello, fotografías, objetos, documentos y testimonios servirán para reconstruir la actividad cotidiana de la factoría. El proyecto tendrá una duración de un año y creará un espacio de investigación y colaboración ciudadana alrededor del antiguo complejo.
Para encontrar sus orígenes hay que viajar hasta comienzos del siglo XX. En concreto, el edificio de estilo neomudéjar fue diseñado por el arquitecto Eugenio Jiménez Corera en 1912 como enclave dedicado a la producción de cerveza. Hoy continúa siendo uno de los complejos industriales de aquella época mejor conservados de la capital.

Además, entre sus paredes llegó a desarrollarse una importante actividad. Durante la segunda década del siglo XX, Cervezas El Águila alcanzó un 25 % de cuota de mercado en su sector. Después de la Guerra Civil, las instalaciones siguieron creciendo con un nuevo espacio de botillería y un edificio destinado a talleres.

Sin embargo, detrás de aquella producción había también una materia prima estrechamente relacionada con el campo: la cebada. Este cereal se cultiva actualmente en la Comunidad de Madrid y, una vez transformado en malta, constituye uno de los ingredientes fundamentales para elaborar cerveza.
De hecho, el vínculo entre el campo y el botellín continúa muy presente. Más del 90 % de las materias primas utilizadas por el sector cervecero español son de origen nacional, entre ellas la cebada maltera y el lúpulo. Por tanto, mucho antes de llegar a una fábrica, una barra o una terraza, parte de la historia de esta bebida comienza en el campo.
Con el paso de las décadas, también cambió el mapa de producción de El Águila. A finales de los años 60 comenzó a funcionar una nueva sede en San Sebastián de los Reyes. Posteriormente, durante los años 80, cesó la actividad en la antigua fábrica de la capital. El complejo permaneció abandonado hasta que la Comunidad de Madrid adquirió la propiedad en 1993.
A partir de entonces, el edificio comenzó una segunda vida. Tras su rehabilitación, el antiguo complejo industrial se convirtió en la sede del Archivo Regional y de la Biblioteca Regional de la Comunidad de Madrid. De esta forma, se conservó uno de los grandes testimonios del pasado industrial de la ciudad.
Ahora serán los recuerdos de quienes conocieron aquella fábrica los que permitan completar su historia. Para conseguirlo, la iniciativa combinará acciones online con entrevistas audiovisuales, digitalización de fotografías y documentos y talleres intergeneracionales. Asimismo, habrá conversaciones con antiguos trabajadores y vecinos del barrio. Todo el material recopilado se incorporará progresivamente a la web del proyecto.

Por otro lado, los días 23 de octubre y 26 de noviembre se celebrarán dos jornadas presenciales en el auditorio Lolita Franco de El Águila. Las sesiones estarán abiertas a madrileños, antiguos trabajadores, mediadores culturales y profesionales de archivos y bibliotecas. Además, servirán para continuar recopilando testimonios, fotografías y documentos.
Así, más de un siglo después de que comenzara la actividad en aquel complejo, sus paredes ya no albergan líneas de producción. Sin embargo, todavía conservan una parte de la historia cervecera de Madrid. Una historia en la que la industria tuvo un papel protagonista, pero cuyo recorrido comienza mucho antes con algo tan sencillo como un grano de cereal.